La regla clave: la relación cuota-ingreso
Las entidades no miran solo cuánto ganás, sino qué parte de tu ingreso ya está comprometida. La idea es que el total de tus cuotas mensuales (la nueva más las que ya tenés) no se coma una porción demasiado alta de tu salario.
Como guía general, muchas entidades buscan que tus deudas no superen alrededor de un tercio a un 40% de tu ingreso, aunque el límite exacto cambia por entidad, tipo de empleo y producto. La regla práctica: a más margen libre en tu salario, más te aprueban y mejor tasa conseguís.
Qué mira la entidad además del salario
Tu salario es el punto de partida, pero la decisión también pesa en:
- Tu historial de crédito (APC): cómo has pagado tus deudas anteriores
- Tu antigüedad y estabilidad laboral
- El tipo de empleo (público con descuento directo, privado, jubilado)
- Las deudas y compromisos que ya tenés
El plazo cambia tu cuota (y el costo total)
El mismo monto, a más años, baja la cuota mensual — pero pagás más intereses al final. A menos años, la cuota es más alta pero el préstamo te sale más barato en total.
No hay un plazo 'correcto': depende de cuánta cuota podés sostener cómodo. Jugá con el monto y el plazo en la calculadora y mirá cómo se mueve la cuota y el total.
Costos que a veces se olvidan: FECI e ITBMS
Algunos préstamos pagan FECI (un 1% anual, Ley 4 de 1994), con exenciones según el monto y el caso. Y las comisiones de servicios financieros suelen llevar ITBMS (7%).
No son montos enormes, pero conviene tenerlos en el radar para que la cuota no te sorprenda. Preguntá siempre si tu préstamo paga FECI o está exento.
Estimá tu cuota en un minuto
La forma más rápida de saber dónde estás parado es probar. En nuestra calculadora ponés el monto, el plazo y tu perfil, y te muestra la cuota estimada y el total a pagar — sin pedir nada a cambio.
Es una estimación, no una oferta formal: la condición final sale de tu evaluación. Pero te sirve para llegar a la mesa sabiendo qué pedir.
Un consejo: no te endeudes al máximo
Que te aprueben el tope no significa que te convenga pedirlo. Dejá margen para imprevistos. Un préstamo sano es el que pagás tranquilo, no el que te aprieta cada mes.